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29 febrero 2020

Héctor Manuel de León Hernández, in memoriam
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Héctor Manuel de León Hernández, in memoriam

Este sábado 29 de febrero se cumplen cuatro años del anterior bisiesto del 2016, cuatrienio del aniversario luctuoso de nuestro querido amigo, hermano, Héctor Manuel de León Hernández, quien dedicó su vida como testigo directo, cronista e historiador  de la épica metamorfosis del decimonónico Instituto de Ciencias a Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) que él vivió y del que dejó meticuloso testimonio, como autor y coautor de numerosos libros, ensayos, así como asesor de anteriores rectores de la institución, cuya pléyade de jóvenes profesionistass formados y egresados de sus aulas, han sido sólido pilar del  ejemplar desarrollo social, cultural y económico de nuestra sociedad, provincia ahora digna de ser emulada en el concierto nacional. Como un reconocimiento a la labor periodística de Héctor, y de la que nuestro portal web Mercado Interno honró sus espacios como anfitrión de sus escritos, reproducimos su última colaboración, publicada dos días antes de su fallecimiento.

Juan Manuel Rodríguez


Los universitarios
Hace 45 años en el IACT
Héctor de León 

Para el Dr. Ezequiel Pérez

No tengo la menor duda que una de las mejores etapas de la vida se da en la preparatoria, sobre todo, cuando como mi generación, la cursamos en el inolvidable y prestigiado Instituto Autónomo de Ciencias y Tecnología, sede para que de ahí surgiera la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Un mayor orgullo: que la Generación 1968-1970 fuera bautizada con el nombre del ingeniero químico don Efraín Cobar Lazo, un brillante profesional de origen guatemalteco, que entregó su vida en la formación de gente de bien y en el desarrollo del Instituto de Ciencias.

Nuestro paso por nuestra querida alma mater fue como un sueño, porque los años transcurrieron en momentos ajustados por la felicidad y el compañerismo, en una etapa en que el país se convulsionaba por los sucesos trágicos de esa época, y que culminaron con la matanza de inocentes en aquella fatídica tarde del 2 de octubre de 1968. Como quiera que sea, la sangre de inocentes sirvió para que nuestro México cambiara y comenzara a decaer el autoritarismo presidencial, padecimiento del que todavía sufrimos secuelas despreciables.

Más de doscientos jóvenes de aquella época, disfrutamos e irradiamos vida en el nuevo edificio del Bachillerato del IACT que a partir de 1964 había cambiado su sede al norte de la ciudad, precisamente en la esquina de Circunvalación y avenida Independencia, cuando Aguascalientes se comenzaban a vislumbrar una serie de cambios políticos, económicos, educativos y culturales, que marcaron la pauta para llegar al Aguascalientes de nuestros días, sin dejar de añorar aquella ciudad recoleta, agrupada principalmente en sus barrios tradicionales, cuando los días transcurrían en una tranquilidad plena; cuando los ciudadanos vivíamos amistosa y armoniosamente, con la mano extendida con franqueza para propios y extraños.

Los azares de la vida reunieron a un grupo entusiasta de jóvenes en nuestra querida Prepa -sin duda la mejor institución educativa de Agüitas-, en donde disfrutábamos las mejores enseñanzas de inolvidables maestros que eran los profesionistas de la más alta calidad en el Estado, y gracias a ellos cohesionamos y nos hermanamos como una de las generaciones más trinchonas –palabra para no utilizar otro término de gran caló estudiantil-. Sin ningún rubor, puedo afirmar que la Generación 68-70 dejamos una huella profunda, como otras tantas generaciones, pero con un sello propio y una espiritualidad amistosa que ha perdurado y ha crecido con el paso de los años. Tal vez el buen ejemplo provenga de la gran Generación que fue la de 1942-1947, formada por otros entrañables amigos.

Nada más para acentuar nuestros lazos cariñosos, este 18 y 19 de marzo habremos de reunirnos en sendos encuentros que nos harán revivir que hace más de 45 años dejamos las aulas de nuestro querido Instituto. El Creador nos ha dado la gran fortuna de llegar a esta etapa de madurez en nuestras vidas, con convivencias mensuales y periódicas que nos vivifican y que nos han hecho crecer alrededor de una gran familia, a la que se han sumado ya hijos y nietos. Precisamente, para que se conozca que somos una generación agradecida, el reconocimiento principal lo haremos a todos aquellos que nos han acompañado por lustros; a nuestra querida Prepa, y a este bendito Aguascalientes, que tiene un aroma especial de buenaventura por el trabajo y trato de su gente. Un abrazo a los compañeros y un recuerdo especial de 21 ausentes. (Facebook).
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