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02 julio 2019

LECCION MEXICANA A LAS POTENCIAS DEL G-20
by MercadoInterno - 0



Bajo sol abrasador, tribus en espera del trigo que les caerá del cielo. Etiopía, 1985.




Texto y fotos de Juan Manuel Rodríguez  (2-VII-19)

Sin la presencia física del presidente López Obrador, aunque sí con una adecuada representación de los secretarios Ebrard y Urzúa, y mediante una carta fechada el 24 de junio, México logró con éxito que en el documento final signado por los líderes mundiales miembros del Grupo de los 20 en Osaka, reconocieran tácitamente la necesidad de avanzar contra la desigualdad que históricamente, y más desde la guerra fría y aún en estos momentos, existe entre los países desarrollados y los que sufren permanentes explotación y rezago social que provocan  las crecientes migraciones humanas.

Efectivamente en el punto 42 del Acuerdo Final que suscribió  el G-20 en Japón, reconoce que los programas de cooperación económica, precisamente como el que propuso Andrés Manuel y se empieza a aplicar junto con EU en el sur-sureste de México, Guatemala, Honduras y El Salvador, para alcanzar desarrollos que desalienten las oleadas de migrantes hacia los países con mayor avance económico.


Para México y para el nuevo régimen, es momento de aplicar cambios sustanciales para enfrentar esas migraciones, como lo ha planteado AMLO y que ahora lleva a la práctica.

El tema me hace recordar una inolvidable experiencia periodística que viví hace unos 30 años cuando, en 1985, formé parte de  una misión de periodistas invitados por las Naciones Unidas para realizar un viaje de observación de los terribles efectos de los refugiados políticos y otras migraciones generadas por las guerras civiles, los golpes de estado, y la tradicional explotación de los antiguos colonizadores y conquistadores de los países en África.

Los 13 periodistas de los cinco continentes (de América, éramos dos, una colega de Canadá y de América Latina, sólo este tecleador), íbamos originalmente a Somalia que, por una epidemia de cólera, nos obligó a dirigirnos a Adis Abeba, Etiopía, y nuestras observaciones publicarlas en un medio o encarte denominado “Un Solo Mundo” insertado en nuestros periódicos (periódico “El Día” del entonces DF, en mi caso) por convenio con la ONU.

Conocimos las cifras aterradores de los refugiados, campamentos donde millones que huían ya de Somalia, ya de Sudan a cuya frontera llegamos en un viejo DC-3 sobrevolando al ras de la selva para evitar guerrillas que la víspera habían derribado otro avión en su lucha separatista en el sur de ese país, y otras fronteras como ocurría en gran parte de todo el continente africano. Entrevistamos a representantes del Alto Comisionado de Refugiados de la ONU, al secretario de la Organización Africana, visitamos campamentos donde les llegaba apenas pocos alimentos para sostenerse familias enteras y garrafones de agua para beber.

Interesante fue una maniobra que el colega yugoslavo y este tecleador decidimos atestiguar, el envío de alimentos a tribus del norte etíope. En enormes campamentos con transportes militares soviéticos, estadunidenses que participaban en la ayuda humanitaria y alimentaria, abordamos un helicóptero polaco que transportaba equipo de radio con el que un joven militar británico coordinó el proceso de arrojar en vuelo rasante sobre la pista aérea costales de grano de trigo crudo desde un avión estadunidense.

Cientos de costales se acomodaban al lado de la pista mientras milicianos armados cuidaban que las tribus se mantuvieran esperando el reparto a tribu por tribu, nombrando al jefe de familia que recibiría una batea de grano seco, unos dos o tres kilos para toda su familia, esperando la próxima visita que podría durar semanas.

Al término de nuestra misión, sostuvimos una reunión en El Cairo para evaluar nuestras observaciones donde adelantamos lo que percibiríamos sobre la tragedia de los refugiados y los migrantes forzados por las guerras intestinas frecuentes. Todos hablaron de sus respectivas observaciones y experiencias concretas.

En mi caso, con la generosa traducción en francés e inglés del colega español Miguel Ángel Bastenier (Ex subdirector internacional de El País, de España, no me limité a hablar de mi impresión del drama de los refugiados, sino de sus causas. Tras conceder la independencia políticas de las colonias, las potencias que en siglos anteriores dominaron gran parte de África, mantuvieron la colonización económica.

El arrojar algunas toneladas de trigo y alimentos no rompía con la explotación inicua de recursos naturales del continente negro, saqueo de maderas preciosas, ricos minerales, hidrocarburos, toda la riqueza de una tierra pródiga cuyos precios además se fijan en Wall Street, la City londinense, Zurich o en las bolsas de las capitales financieras del mundo, que entonces generaban luchas intestinas que  provocaban  el éxodo de refugiados y ahora, en este siglo, hace proliferar las migraciones que los países desarrollados occidentales rechazan, pero que han sido históricamente las causas de ese desarrollo desigual en todo el mundo.

Las migraciones, nefastas para los desarrollados, fueron provocadas por políticas que siguen manejandose desde los mercados financieros y que, si bien el Grupo de los 20 reconoce ahora que puede evitarse con la cooperación internacional y un desarrollo económico más justo y equilibrado, falta que los manipuladores del capitalismo salvaje lo permitan.  México logró un triunfo con este primer paso, pero pasará tiempo antes de que tenga sus efectos y que, cuando menos esperamos ver muy pronto en el sur-sureste mexicano y en Centroamérica, sus primeros resultados y aminore la migración masiva.

www.mercadointerno.com.mx

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