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27 julio 2019

Autonomía No Pedida…”Sherlock Holmes Mexicano”… El Último Virrey… El Temblor del 57
by MercadoInterno - 0



A L F A   O M E G A
Autonomía No Pedida…”Sherlock Holmes Mexicano”… El Último Virrey… El Temblor del 57
JORGE HERRERA VALENZUELA
SE FUE UN GENIO DE LA CARICATURA, EDUARDO GÓMEZ SÁNCHEZ, “EL NENE”. UN ABRAZO A LA FAMILIA
A noventa años de distancia de que el presidente Emilio Portes Gil otorgara la autonomía a la Universidad Nacional de México, se frustró el proyecto de eliminarla. Considero interesante precisar que los dirigentes del Movimiento Universitario de 1929 en ningún considerando de su pliego de demandas se contempló, ni hubo referencia, lo relativo a la autonomía.
El maestro Lucio Mendieta y Núñez en su obra “La Historia de la Facultad de Derecho” (publicada por la UNAM en 1956), en la página 185, asentó: “En el pliego de peticiones de los huelguistas, no se menciona, para nada, la autonomía de la Universidad, que, por lo mismo, no fue bandera del movimiento estudiantil de 1929”. Las demandas se centraban en que renunciaran el rector Antonio Castro Leal, el director de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, Narciso Bassols García, así como los jefes policíacos del Distrito Federal, Valente Quintana y Pablo Meneses. El titular de la SEP, Ezequiel Padilla, también estaba en la lista.
Portes Gil, presidente interino por la muerte de Álvaro Obregón, recibió el amplio pliego petitorio del Comité General de Huelga, el 27 de mayo de 1929, firmado por el estudiante de Derecho Ricardo García Villalobos, en su calidad de secretario general del comité. A ello la respuesta presidencial, en su exposición de motivos, señalaba:
“Aunque no explícitamente formulado, el deseo de ustedes (los estudiantes) es ver su Universidad libre de la amenaza constante que para ella implica la ejecución, posiblemente arbitraria en muchas ocasiones, de acuerdos, sistemas y procedimientos que no han sufrido previamente la prueba de un análisis técnico cuidadoso, hecho sin otra mira que el mejor servicio posible para los intereses culturales de la República. Para evitar ese mal, sólo hay un camino eficaz: el de establecer y mantener la autonomía universitaria”.
El tamaulipeco que vivió 48 años como ex Presidente de México, luego de leer pausadamente el pliego de los estudiantes, dijo: “Después de meditar serenamente los puntos que los estudiantes en huelga sometieron a la consideración de la Presidencia de la República, llegué a la conclusión de lo que ellos pedían no resolvía fundamentalmente ninguno de los graves problemas planteados y si  implicaba un quebrantamiento de la autoridad gubernamental”.
De tal suerte que Portes Gil envió al Congreso de la Unión el proyecto de la Ley que otorgara a la Universidad Nacional de México, “la autonomía a que tenían pleno derecho” (profesores y alumnos). La Ley se promulgó el 22 de julio de 1929. La autonomía era para el autogobierno, a través del Consejo Universitario, la libertad de cátedra en todas escuelas y facultades. Para nada se hizo mención a la extraterritorialidad que en diversos eventos se pone como escudo defensivo, sobre todo cuando hay que hacer alguna investigación judicial en territorio universitario.
Ignacio García Téllez, un ilustre guanajuatense, a los 32 años de edad, fue el primer Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. Antes, a los 26 años, gobernó Guanajuato; en el gabinete del presidente Lázaro Cárdenas ocupó diversos cargos en el gabinete presidencial.
VERSIONES SOBRE EL MOVIMIENTO
Durante el inicio de su gestión como director de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, ENJ,  (hoy Facultad de Derecho), el abogado y catedrático Narciso Bassols García pretendió modificar los sistemas de control de aprovechamiento, incluidos el porcentaje de 80 por ciento para tener derecho a la presentación de exámenes, así como aplicar otras medidas, como en 1912 lo hiciera el poblano Luis Cabrera, director de la ENJ y que provocaron una huelga estudiantil encabezada por el alumno Ezequiel Padilla y que dio origen a la Escuela Libre de Derecho.

Otra versión que circuló, según contaban, fue en el sentido de que a la novia del estudiante y líder Alejandro Gómez Arias, le notificaron que no podía presentar exámenes ordinarios por faltas de asistencia a clases. Alejandro se movilizó, sin lograr una buena respuesta. Comenzaron a juntarse los inconformes, no sólo por lo de la novia, sino porque había varios que no reunían el porcentaje señalado. El asunto creció en pocos días y el 4 de mayo de 1929 se integró un “comité provisional” que encabezaron los jóvenes estudiantes Salvador Azuela Rivera y Alejandro Gómez Arias.

A partir de esa fecha y hasta el decreto presidencial, el Movimiento Estudiantil Generación 1929 se extendió de Jurisprudencia, a la Escuela Nacional Preparatoria y después se generalizó. Hubo manifestaciones callejeras reprimidas por la policía; bomberos y policía uniformada tomaron las instalaciones universitarias. El más sangriento enfrentamiento ocurrió en el Jardín de San Fernando, en la Colonia Guerrero, donde murió el estudiante Germán del Campo y de eso se responsabilizó al cacique potosino Gonzalo N. Santos, quien cínicamente lo admitió.
En los tres meses de la lucha universitaria, los estudiantes editaron un periódico, “La Huelga”, que estuvo a cargo de otro famoso estudiante: César “El Tlacuache” Garizurieta. En el movimiento participaron, entre otros, Carlos Zapata Vela, Ciriaco Pacheco Calvo, Julio Serrano Castro, José María de los Reyes y Ángel Carvajal. 
“SHERLOCK HOLMES MEXICANO”
En la última década del Siglo XIX en Matamoros, Tamaulipas, nació un niño que al paso de los años se convertiría en uno de los más connotados detectives. Su nombre: Valente Quintana. A quien menciono en párrafo anterior, porque en 1929 fue el Inspector de Policía, dependiente del Departamento Central del Distrito Federal y recibía órdenes directas del Presidente de México, Portes Gil. José Manuel Puig Cassaurang era el Jefe del Departamento.
Bueno, pues nuestro personaje estudió la primaria en Matamoros, pero su familia se trasladó a Brownsville, donde Valente trabajaba en una tienda cuando lo acusaron de robo a la caja registradora. Rechazó el cargo e investigó por su cuenta, descubriendo al ladrón.  Dejó el empleo y se inscribió en Detectives School of America e ingresó al Servicio Americano de Investigaciones, donde por sus conocimientos y resultados altamente positivos lo propusieron como Comandante, a condición de que renunciara a la nacionalidad mexicana. El hombre no aceptó.
Retornó a su país y viajó hasta la Ciudad de México. Tenía 27 años de edad, en 1917, cuando estableció su Bufete Nacional de Investigaciones. Ocupó un despacho del primer piso en San Juan de Letrán 6, casi esquina con la Avenida Madero, edificio próximo a donde desde los años 50 está la Torre Latinoamericana. Pronto adquirió renombre. No dejaba pendiente de solución ningún robo, asalto u homicidio.
 Entre sus grandes logros se anotaron dos sucesos relacionados con Álvaro Obregón. El primero, lo contrató el licenciado Arturo Orci, del Centro Obregonista, para que investigara en torno a un atentado que sufrió el sonorense y por el cual fueron fusilados muchos hombres, entre ellos los hermanos sacedortes Miguel Agustín y Humberto Pro Juárez, que eran inocentes, de acuerdo con la investigación del detective, que en Estados Unidos fue llamado “El Sherlock Holmes Mexicano”.
El otro caso se registró cuando el presidente Plutarco Elías Calles primero como amigo de la víctima le suplica y después como Presidente de México, le ordena, a Valente, que investigue todo en torno al asesinato del general Obregón. La oposición inicial de Quintana era porque el general Roberto Cruz, como jefe policíaco le prohibió que ejerciera su oficio, en todo el país. También le encomendaron averiguar sobre la muerte del líder estudiantil cubano Juan Antonio Mella, en enero de 1929; se supo que fue asesinado por órdenes de la dictadura que imperaba en La Habana.
Valente Quintana murió en 1968. No lo conocí, pero supe que sus últimos años los vivió en una modesta casa ubicada en José T. Cuéllar y Juan de Dios Arias, en la Colonia Vista Alegre, en el centro de la Ciudad de México. Su historia es tema de muchas novelas.
EL VIRREY 62, O’DONOJÚ
Los historiadores no se ponen de acuerdo en la fecha exacta en que el sevillano Juan O ’Donojú comenzó su mandato de Virrey de la Nueva España. Lo que está corroborado es que fue en 1821 y con él se terminaron los 302 años de dominio español en suelo azteca. Le tocó, históricamente, firmar junto con Agustín de Iturbide, Los Tratados de Córdova, por los cuales España reconoce la Independencia de México y don Juan desde el balcón del entonces Palacio Virreynal presencia la entrada del Ejército Trigarante, el 27 de septiembre de 1821 y después participaría como miembro de la Primera Regencia del Imperio Mexicano. Por cierto que uno de los ayudantes del último virrey, se llamó Antonio López de Santa Anna. El virrey cae enfermo y muere en octubre del mismo 1821.
P.D. Por supuesto que los nacidos después de septiembre de 1985 solo de oídas, pláticas, conferencias o videos, saben lo que ocurrió aquella mañana del 19 de septiembre. Bueno, pues ahora les comento a esos mexicanos que la madrugada del domingo 28 de julio de 1957, un temblor de 7.9 grados sacudió a la Ciudad de México; cayeron algunos edificios, se interrumpió por horas el servicio eléctrico, no hubo comunicación telefónica y dos detalles: se desplomó el Ángel de la Independencia, la cabeza de la Victoria Alada rodó por el piso. Una elefanta escapó del circo donde estaba encadenada y fue muerta a tiros en una calle de la Colonia Santa María la Ribera. 
jherrerav@live.com.mx
      



  
       

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