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22 abril 2019

La llave
by MercadoInterno - 0



La vida como es…San Lunes

La llave
(Cuento)

            Si llego… si llego… -se repetía Alberto mientras corría por la acera.
            Había bajado a volantas del autobús urbano y aceleró el paso al atravesar la Alameda central. No se percataba de otros transeúntes ni de los viejos álamos y fresnos que la circundaban.
            Escuchó el chirrido de llantas y la adrenalina le heló la sangre cuando por poco lo alcanza un automóvil mientras cruzaba la calle.
            Recordaba cuando su jefe le amenazó: “Llevas tres retardos y dos faltas; el siguiente retardo te cuesta 10 días de suspensión y con una falta más te corro”
            La advertencia iba en serio y de continuo observaba su reloj.
            -Las 8:59, en un minuto sí llego, se repetía.
            A unas decenas de metros del reloj checador, sobre la acera y junto a la pared brilló un objeto.
            ¡Un llavero de oro con una llave!
            Lo recogió y observó con detenimiento.
            “Laura Alicia” decía el llavero en el anverso y una fecha en el reverso: “22 de diciembre”.
X

- ¡Encontraste mi llave!
            -Estaba tirada y la levante. ¿Tú eres Laura Alicia?
            -Sí…Yo soy Alberto, trabajo en el edificio de cristales obscuros.
            -Sí, todas las mañanas te veo llegar barriéndote.
            -Bueno, es que en ocasiones se me acumula el papeleo.
            - ¿En qué trabajas?
            -Soy ejecutivo de la empresa y por mi desempeño espero pronto ascender a gerente.
            -Suena interesante.
            -Realmente tengo un gran futuro aquí.
            - ¿Y mi llave?
            -Te la entrego si me aceptas una invitación a tomar un café. ¿Cómo ves el trato?
            -Bien, es justo, pero devuélveme mi llave, ¿quieres?
            -Claro.
            Definitivamente es bella Laura Alicia. Su cara es tierna, juvenil. El tono de su voz tiene un no sé qué; el verde oscuro de sus ojos lo envidiaría el mar; y su cuerpo, ese cuerpo es digno de una reina de la belleza.
            Me pregunto qué estudiará. Traía varios libros; de dos estoy seguro haber leído su título: uno era “La cueva de cristal” y el otro “El mundo de Sofía”. Debe ser una chica además de joven y bonita, con una gran sensibilidad.
            Soñaba con ese café aceptado que podría ser la primera de muchas citas; y por qué no, de un romance con esa preciosa chica. Algún día la llevaré al altar y seremos felices, como en los cuentos, para toda la vida, hasta que la muerte nos separe. Sería maravilloso. Así pensaba.
XX

El tiempo, como siempre, corrió más rápido que los sueños.
            Alberto miraba con ojos enamorados hacia el infinito y más allá.
            De pronto, un grito de alegría:
            - ¡Encontraste mi llavero!, Gracias.
              Muuua (un beso en la mejilla)
            - ¡Muchas Gracias! -repitió la chavala mientras se alejaba sin que él pudiera ver casi su cara o pronunciar palabra.
            Luego, Alberto sólo acertó a decir, casi murmurando, mientras miraba decepcionado su reloj:
            -De nada…
         Octavio Raziel
         2004
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