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16 enero 2019

La boda
by MercadoInterno - 0



La vida como es…
De Octavio Raziel

La boda
         En mi sueño de esta madrugada asistí a la boda de una chica a la que admiro hace tiempo. En la habitación de un hotel, la mamá y las hermanas preparan el vestido de novia prendido de un maniquí; al frente, del lado izquierdo tiene un monograma: “ME” y en el piso extienden un manto blanco, grueso para ser velo. Sale la novia del templo, acompañada de su madre, sus hermanas y el novio, de quien no distingo el rostro. Ahora soy Alberto, el chofer del auto nupcial. Por el espejo retrovisor observo a la novia del monograma bordado al lado izquierdo de su vestido, sobre el corazón. Es bella, el rostro más hermoso que he visto en mi vida. Va sola, sin el novio, y enfilo sin rumbo… Termina el sueño.
         Las bodas monoteístas a las que he asistido tienen mucho en común. Todas son pareja como las que subieron al Arca de Noé.
         En las católicas, el pacto es hasta que la muerte los separe. En la crisis del séptimo año, el varón dirige, en ocasiones, la vista hacia la carne fresca; aceptar o no el reto del cambio, es su decisión. En las iglesias cristianas, -sectas, decían las abuelas- las relaciones son más duraderas pues, Jehová, ese dios feroz y vengativo, les amenaza con el Infierno; les pone muchas trabas para el cambio de modelo. Esta noche es noche buena, y mañana también lo será…parodian una canción navideña, mientras los novios parten a la Luna de Miel, que, en estos tiempos, la torta la disfrutaron mucho tiempo antes del recreo.
         Para los que practican la religión judía hay una semana de ayuno antes de entrar a la Jupá (palio nupcial) donde se celebra la boda. Generalmente la unión encierra un compromiso económico (la dote) y la responsabilidad de mantener pura su raza. No siempre es el amor. Mazel Tov, se escucha al término de esta ceremonia que fue negociada mucho tiempo antes. La copa se rompe y se pisa sobre el suelo, antes de la prueba de virginidad. Como en todas las costumbres del Medio Oriente, las mujeres se mantienen al fondo del foro hasta recibir la aprobación de integrarse el jolgorio.
         Para el islam, la boda es la continuación de las enseñanzas del Profeta. La mujer debe ser virgen (como Aisha, la concubina favorita de Mahoma, a la que él violó cuando tenía sólo nueve años) y haber sufrido la ablación para que, como con las muñecas de plástico, ella no tenga sensación alguna. Esta ocasión es la única en la vida de una mujer en la que es el centro de atención. Abundan las danzas, los colores dorados, los dulces y la comida típica. Las damas, integradas por la madre y parientas cercanas, la acompañan hasta su “muerte simbólica”, que así califican el enlace.
         Hoy en día, muchas parejas (heterosexuales) inician su vida conyugal sin más requisito que el común acuerdo. En su mayoría, no importando religión o raza, están conscientes de que vivirán peor que sus progenitores. El presente les asusta, pero el futuro les aterra. Les imagino inmersos en la distopía entre la novela “1984” y “Un mundo feliz”, en una lucha entre el amor y la realidad económica del Siglo XXI.
         Alberto fue amado, mucho y por muchas; sin embargo, sufrió de ataraxia, el miedo a amar, lo que endureció su corazón hasta el último latido. No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amarMe refiero a Alberto Camus.
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