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28 julio 2018

Mi primera novia
by MercadoInterno - 0






27 de julio de 2018 

 EN LAS NUBES 

Mi primera novia 

 Carlos Ravelo Galindo, afirma: 

 Rusia Mc Gregor González nos escribió luego de dar lectura a los Bandoleros sociales. Nos dice: “Fíjate que hace muchos años, no recuerdo exactamente pero estaba yo en la Dirección de Prestaciones Sociales del IMSS en México, encargada del Almacén Central de Vestuario en el que estuve durante 15 años. 

El vestuario era de danza y teatro, además de que ahí teníamos banderas nacionales, banderas del IMSS, ahí se distribuían los juguetes para las guarderías, hospitales y personal del IMSS sindicalizados y de confianza en Reyes y Día del NIño. 

 Viajaba constantemente a los Estados de nuestra República para supervisar el vestuario que se les enviaba para su presentaciones tanto de danza y teatro, pues a veces había faltantes. En uno de esos años, tuve que ir a Morelos por un mes con base en Cuernavaca y recuerdo que la gente que se dedicaba a la agricultura, tiraba la cosecha porque no se les pagaba el precio justo según ellos y también tiraban la producción de leche. Qué cosas”. Nosotros, en respuesta, publicamos una poesía de su padre, el bardo Campechano, Carlos McGregor, que nos hace recordar mocedades. Y olvidar barbaridades.

CARTA A MI PRIMERA NOVIA




Novia pobre del pueblo:

si el papel entintado

de mi epístola,

- tan fiel como romántica -,

busca refugio en el hueco inviolable

de tus manos,

dale el abrigo que sus hojas quieren,

como a la golondrina

le da sus calideces

el verano.




Anclé en el punto de la edad madura,

en que todos los hombres,

se vuelven silenciosos y serenos,

estoicos y conformes;

pero mi barca

sigue en el vaivén de mis sentimientos

sin importarle el ancla.




Hay oleaje en mis mares,

y en el ciclón de tu recuerdo salta,

para ponerme frente a ti, no obstante,

que entre los dos existe

un abismo infranqueable

de distancias.




Y te tengo tan cerca,

como la vez aquella

que en la paz del domingo almidonado,

todas las redondeces de tus piernas

en un mutis rumboso se eclipsaron,

tras la brillante seda

pueblerina

de tu vestido largo.




¡Ah, cómo se me agolpan en la mente

las tardes de los sábados!




Nos íbamos corriendo las veredas

como el cielo los pájaros,

y a la orilla de arroyos cristalinos

o a la sombra de almendros

y naranjos,

íntima y audazmente satisfechos,

la “pinta” de la escuela

descansábamos.




Y las noches del kiosko

con su alegre charanga,

parece que aun me dicen las canciones

que en tu boca y mi boca

se encontraban.




Era algo así como el presentimiento

de que un día de tantos,

el nudo frágil de nuestras quimeras

rompería

sus lazos.




Y se cumplió el designio inalterable

del destino en nosotros;

tu vida y mi vida se bifurcaron

en dos distintos polos,

con la inerme esperanza de que un día

volverían

a verse

nuestros ojos.




Y estamos en un “inter” ignorado

acaso como inútiles andenes,

que momento a momento,

interminablemente,

esperan

la llegada

de los trenes.




¿En qué ciudad remota

la lozanía de tu cuerpo inédito

se entregó a la caricia de otras manos,

y tus labios supieron,

olvidando los míos,

del calor de otros besos?




¿Sé acaso dónde vives?

¿Sabes dónde mi amor puso su alero?




En esta transición que nos separa,

los dos nos hemos vuelto,

una interrogación que es un enigma

y un secreto.




Y ante el muro infranqueable del destino

es mejor no saberlo.




Si otra vez en las tardes

juveniles y alegres de la escuela

tus manos y mis manos se juntaran

para hojear las libretas

donde la química y sus pentagramas

eran nuestros problemas,

la fácil solución encontraríamos

en el hondo murmullo de tus lágrimas

y en el grave silencio de mis penas.




Aburrido del cambio

que mi vida sufrió en el hemisferio,

de los ruidos incesantes que corren

sobre esta gran ciudad del pavimento,

de paros y de huelgas,

de trenes y atropellos,

de robos y de crímenes nocturnos,

y de leyes, oh, novia, que no entiendo;

quisiera que esta carta te encontrara

igual que te imagina mi recuerdo:

Honesta, pobre, sencilla y morena…

¡Como son las mujeres de mi pueblo!”




Insistimos, mejor poesía que, en política grosería.

craveloygalindo@gmail.com
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