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01 marzo 2018

De Russia Mc Gregor.
by MercadoInterno - 0




EN LA NUBES

De Russia Mc Gregor.

Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Escribir, sobre Carlos Mc Gregor Giacinti, poeta mexicano, para hacer un bosquejo biográfico o su descripción física o moral como la palabra semblanza lo señala, no es tarea fácil, sobre todo cuando quien lo escribe es la hija y se corre el riesgo de caer en alabanzas inmerecidas o juicios inadecuados.

Me referiré entonces al bardo. Uno de los muchos que nos ha dado México. Y necesario conocer.

Decimos.

Para ello, que mejor iniciar con las opiniones vertidas por el literato tabasqueño Pepe Bulnes en un artículo publicado en la edición periodística “La Calandria” el 31 de julio del año 1943:

“No sabríamos decir si este Mc Gregor es un soñador o un idealista. Si lo uno, su obra lo confirma. Si lo segundo, lo plasma.

Desde muy pequeña lo escuché decir que había nacido en el Barrio de San Román de la ciudad y puerto de Campeche, un 13 de agosto del año 1906. Hijo de don Lorenzo Mc Gregor Brito, sanromanero puro y de doña Adriana Giacinti Paoli, originaria de Ciudad del Carmen, Campeche.

El poeta Mc Gregor decía con frecuencia esta frase: “No somos de la tierra en que se nace. Somos de la tierra en que se vive, se goza y se padece”.

Campechano, Tabasqueño, Yucateco, Veracruzano, Sinaloense… Mexicano al fin y Poeta de las Américas.

A los 15 años de edad, en Mérida, dio principio su actividad como escritor; a los 16 años estrena su primera obra teatral y el 21 de mayo de 1921, la Revista de Yucatán publica su primer poema.

En 1925 se fue a radicar a la ciudad de México.

En 1935 a Sinaloa que sería su entidad política adoptiva, avecindándose en el puerto de Mazatlán en donde contrajo matrimonio con María Emilia González Valenzuela, originaria del puerto. Con ella procreó a sus hijos Rusia y Lorenzo Octubre.

En 1937, ingresa como catedrático a la entonces Universidad Socialista del Noroeste, hoy Universidad Autónoma de Sinaloa. Impartió clases de Arte y Literatura en la Escuela Normal, Literatura Hispano-Americana en la Escuela Secundaria y Literatura Universal en Preparatoria.

Desde entonces, su obra literaria ganó prestigio a nivel nacional, lo que le permitió obtener más de 60 galardones. Los más significativos la Mención Honorífica otorgada por la U.N.A.M. al publicar su libro "Músicas del Puerto

En el año 2006 se cumplieron 100 años de su natalicio. Su obra poética completa se encuentra ahora contenida en 11 tomos.

Hoy, en pleno Siglo XXI, la obra del poeta sigue vigente y leída por los amantes de la buena poesía, informa doña Russia Mac Gregor, la hija. Y nos comparte dos poemas:

La tarea del tiempo 1


Construir, destruir…

construir la esperanza y la tristeza;

destruir el dolor y la alegría;

y después construir,

y luego destruir perennemente,

en eterno contraste su tarea.


Cuando en flor ya revientan los rosales

porque en la nube se gestó la lluvia

y en el surco se anuncia la cosecha,

el Tiempo, productor de esos emporios,

destruye los abetos,

a la humedad calcina,

y arrasa con la siembra.


¡El nacer y el morir!

¡Las cunas y las tumbas!

Infinita es del Tiempo la tarea:

finalizar sus vidas,

morir en el tramonto del crepúsculo

y en el orto nacer en cada estrella.


Dolor, placer, felicidad, angustia;

todo es obra y tarea

de nuestro padre, el Tiempo;

la placidez y el huracán son suyos,

y el odio y el amor en él se gestan.


La acción del Tiempo lo destruye todo,

y todo el Tiempo mismo

lo vuelve a construir:

es la tarea que se tiene impuesta,

y la cumple y la cumple, todo el Tiempo,

desde el Alfa al Omega,

en Principio y en Fin.


La tarea del tiempo 2

Quiero romper el tiempo; hacerlo añicos como él hace del mundo árida tierra, y de nosotros hace ilusión diluida, afán que se consume en el rebaño y esperanza que muere en sus esperas. Incrustados al mar,

los postes de los muelles

no resisten el tiempo;

los golpes incesantes del salitre

desgastan su estructura,

y un día de algún año,

el muelle igual que un hombre,

esqueleto inservible de resacas,

se desquebraja todo, y se derrumba.


Si a la flor preguntamos por el tiempo,

oiremos a la rosa contestando

con voces de jardines sin perfume,

que al violarlas el tiempo,

los tallos se doblegan,

se destruye el pistilo,

y se marchita el pétalo…


¿Cómo entonces romper y hacer añic

la arena de mi Clepsidra,

para que deje de medir mi tiempo…?


Me doy por derrotado

al ver que contra el tiempo nada pude;

su constante tarea,

que laboriosamente

construyó mi existencia,

minuto por minuto, me destruye.


¡Qué terrible tarea la del tiempo;

Padre y señor de todo Propietario absoluto…!


Después de tantos años de tratarlo,no pude detenerlo ni siquiera un segundo.

craveloygalindo@gmail.com
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