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25 enero 2018

Jacobo, el güerito de La Merced
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 Lecturas con pátina

Jacobo, el güerito de La Merced

José Antonio Aspiros Villagómez

         Más allá -y sin cuestionamiento alguno- de lo mucho que se ha dicho y escrito en contra de la empresa Televisa, de su política informativa y de sus conductores de noticiarios, principalmente por su unción al gobierno y su partido como lo hicieron también por décadas los demás medios periodísticos, hay un personaje que saca la cabeza de entre la polémica para mostrar su lado humano y profesional.
         Él es el periodista ya fallecido Jacobo Zabludovsky, de quien 62 de sus colaboradores, en su mayoría reporteros o corresponsales, opinan y hacen recuerdos en un libro dedicado a su jefe y al que por casi tres décadas fue el noticiario líder de la televisión.
         Se trata de 24 horas con Jacobo Zabludovsky, un trabajo coordinado por Philippe Bac y publicado por la editorial Diana en 2016, con un índice incompleto. En sus 238 páginas hay juicios y datos suficientes para conocer fuera de la pantalla a quien destacó, según los textos del libro, como maestro y por su buen olfato periodístico.
         Algunos trabajos son de elogio y reconocimiento; otros sólo descriptivos de cómo era el trabajo, pero con datos muy valiosos de cuando surgieron los noticiarios propios en Telesistema Mexicano después de los que se escribían en los diarios capitalinos y eran patrocinados por empresas que compraban tiempo en los canales.
         Muchos de los coautores describen a “Jacobo” -como a petición suya le decían y hasta tuteaban sus reporteros en la radio al final de su vida profesional- como un jefe que siempre tuvo abiertas las puertas de su oficina, pero ellos sentían temor de entrar a pesar de que les decía, por ejemplo, “no muerdo”, y era cierto.
         Con su eterno lápiz amarillo corregía todo lo que le llevaban y, si ponía su firma, eso era el salvoconducto para hacer la grabación correspondiente y estar en el noticiario. Pedía a sus reporteros que empelaran lenguaje sencillo, párrafos breves, estilo sin rebuscamientos... o que rehicieran su trabajo, siempre de buena manera según estos testimonios.
         Saludaba a todos de mano (algo que a este tecleador le llegaron a criticar en la redacción de Notimex), ordenaba con suavidad pero con firmeza (“a ver cómo le haces”) y pedía lo que parecía imposible de lograr, y se hacía. También solía premiar el trabajo y ayudar a su personal cuando tenía problemas particulares.
         A los reporteros les decía “niños” -o “niñas” si era el caso- o los llamaba por su apellido, y muchos de ellos confiesan en el libro que siempre vivieron con estrés, algo que todos cuantos pasamos por algún medio informativo padecimos.

         Hay un personaje adicional en 24 horas con Jacobo Zabludovsky: el jefe de información Raúl Hernández, a quien conocimos ya retirado y enfermo como compañero del Club Primera Plana. Quienes lo mencionan, casi todos, se refieren a él como otro jefe y maestro al que tienen mucho que agradecer, y dicen que siempre encontraba soluciones para todos los retos del trabajo, pero también lo definen como hosco y atemorizante. Ambos personajes eran los primeros en llegar al trabajo y los últimos en irse.

         Destacan los colaboradores de este libro la capacidad de trabajo y la gran memoria de su jefe, su insistencia en el uso correcto del idioma, sus aficiones por el tango, los toros y ciertos restaurantes, así como otras cualidades que le encontraron, y desde luego ninguno dice que haya recibido “línea” sobre cómo tratar algunas informaciones, sino más bien detallan los grandes éxitos informativos de Zabludovsky, personales o con la participación de reporteros y corresponsales.
         En una entrevista, comenta también sobre el rumbo donde nació y por el cual algunos le llamaban “El güerito de La Merced”. No faltan, desde luego, los recuerdos de cuando hizo una crónica radial tras el terremoto de 1985, y la del día en que fue asesinado Paco Stanley, de Televisión Azteca, y fue Televisa a través de su periodista estrella la que desde la sala de velaciones pudo entrevistar a Mario Bezares, compañero del victimado en sus programas del Canal 13 y que en un principio estuvo acusado del homicidio.
         Jacobo Zabludovsky condujo 24 horas entre 1970 y 1997 y hay un relato sobre cómo vivieron el propio conductor y todos en la redacción de Televisa y en el estudio del Canal 2 el último día de transmisiones, al cabo de las cuales él se despidió: “Eso es todo. Buenas noches”.
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