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28 octubre 2017

Para qué sirven los fieles difuntos
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Textos en libertad

Para qué sirven los fieles difuntos

(Segunda y última parte)
José Antonio Aspiros Villagómez

En su cumpleaños
para la nueva ciudadana, mi nieta
Diana Laura Suárez Aspiros
(30-X-1999)

         Seguimos con el tema inspirado en el ya cercano Día de los Fieles Difuntos, el 1 de noviembre, cuando se cumplirán 55 años de la trágica muerte de Ricardo Rodríguez de la Vega (1942-1962), piloto del equipo Ferrari de Fórmula Uno, ocurrida en el autódromo de la Ciudad de México que lleva su nombre y el de su hermano Pedro.
Cuerpos inertes ya, han ocasionado polémicas no pocas veces. Por ejemplo, varios países decían conservar los restos de Cristóbal Colón. El cadáver de Mussolini, con todo y lo destrozado que lo dejó la masa, fue robado por un fanático y metido en un templo. El del emperador Maximiliano también sufrió mutilaciones que casi lo desfiguran. Charles Chaplin desapareció de su sepulcro a los pocos meses de fallecido; después lo localizaron. Hallar la osamenta de Miguel de Cervantes causó conmoción en España.
En México se han producido debates sobre si repatriar o no a don Porfirio Díaz. La maestra Eulalia Guzmán vivió en la amargura después que un dictamen rechazó que su hallazgo fuera el de Cuauhtémoc, y pese a ello es venerado en Ixcateopan. En cambio, Margarita López Portillo confió desde el primer minuto y sin dictamen científico, en que había encontrado los restos de sor Juana.
Hay cadáveres rentables. La iglesia hizo con muchos de ellos un gran negocio, por las limosnas que dejaban los creyentes creídos. Igual serían los casos del patriarca Abraham, sepultado en el desierto, y del emperador Napoleón en un bello mausoleo en París, pues ambos atraen a miles de visitantes. No digamos los artistas populares, como Elvis Presley.
Pero al margen del macabro negocio, los arqueólogos y antropólogos buscan vestigios humanos para documentar la historia. Así, fueron encontradas cerca de Alejandría sepulturas que podrían ser de Cleopatra y Marco Antonio, y los excavadores se afanan para localizar a Alejandro Magno, quien sería el que está en la basílica de Venecia, y no san Marcos como siempre se ha creído. Las reliquias de los Reyes Magos están en la impresionante catedral de Colonia.
         También trabajan, en este caso los forenses, para tener certeza científica de cómo murieron, por ejemplo, Joao Goulart en Brasil, Pablo Neruda en Chile y Simón Bolívar en Venezuela. Tenemos pendiente averiguar qué dice la medicina sobre los cuerpos incorruptos de figuras como san Carlos Borromeo y el beato Sebastián de Aparicio, y qué dicen las religiones sobre ascensiones al Cielo “en cuerpo y alma”.
         Empero, hay mucho más que mencionar. Hernán Cortés fue sepultado nueve veces y Neruda cuatro. Parte de las cenizas de Truman Capote fueron subastadas en Los Ángeles. Y qué decir del Che Guevara y de Federico García Lorca, llevados respectivamente a fosas comunes para evitar el peregrinaje de sus admiradores. En cambio, fracasó el intento de robar las cenizas de Freud y su esposa en Inglaterra, mientras que -a un siglo de la Revolución bolchevique- la momia de Lenin sigue expuesta en la Plaza Roja de Moscú.
Una iniciativa nacida en Londres en 2010, ya se ha extendido por el mundo con 3,700 establecimientos. Es El Café de la Muerte, donde la gente se reúne a hablar del tema frente a una mesa con pizas y vino. En México, al parecer no los hay; sólo el Museo de la Muerte, en San Juan del Río, Querétaro.
         Y, por eso, las tertulias se hacen encima de los sepulcros. Y no sólo nos referimos a quienes llevan comida y música junto a sus difuntos cada 1 y 2 de noviembre. Recuérdese junio de 2014, cuando en la Rotonda de las Personas Ilustres, cerca del monumento a don Manuel Azpiroz en el panteón de Dolores de la Ciudad de México, hubo una elegante borrachera con el permiso de la autoridad.
En su libro Cinco tumbas, el maestro Eduardo Matos se refiere a las sepulturas del faraón egipcio Tutankamón, el emperador chino Qin Shi Huangdi, la Tumba 7 de Monte Albán, la del gobernante Pakal en Palenque y la del tlatoani Ahuítzotl encontrado no hace mucho bajo un edificio colonial en la capital mexicana.

         El tema -que hemos documentado mucho- da para un libro con más detalle y profundidad que un artículo periodístico. El tecleador no sabe si le dará tiempo de hacerlo. Por ello de momento, y con motivo del Día de los Fieles Difuntos, sólo aporta la mención de algunas historias. No nos olvidemos de nuestros seres queridos.
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