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14 octubre 2017

Música para derrotar al alemán
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Música para derrotar al alemán


Con respeto y admiración para José Antonio Aspiros por su reciente ingreso a la Academia Nacional de Historia y Geografía

Por Norma L. Vázquez Alanís

Ese alemán del que tanto nos mofamos, pero a quien en el fondo tememos, podría ser derrotado por la música, una de las pocas armas con que cuentan los terapeutas para enfrentar el avance del alzhéimer.

Un hecho que llamó la atención de neurocientíficos fue que a pesar de los estragos que provoca el alzhéimer en el cerebro, particularmente en la memoria, una mayoría de los enfermos preserva sus recuerdos musicales intactos, aunque estén en las fases más avanzadas.

Ello indujo a un equipo de investigadores del Instituto Max Planck de Neurociencia y Cognición Humana de Leipzig, Alemania, integrado por Jörn-Henrik Jacobsen, Johannes Stelzer, Thomas Hans Fritz, Gael Chételat, Renaud La Joie y Robert Turner, a desarrollar un estudio al respecto que abrió un pequeño resquicio en el misterio de la enfermedad y la hipótesis de que algunas partes del cerebro humano operen en lugar de otras si el alzhéimer llegara a atacar.

La indagación tuvo dos vertientes; por un lado, buscar qué zonas del cerebro son las que se activan al escuchar música, y por otro, una vez localizadas, examinar si en los enfermos de alzhéimer estas áreas cerebrales mostraban algún signo de atrofia o, por el contrario, resistían mejor la enfermedad.

De manera que hicieron una serie de experimentos de laboratorio en humanos, durante los cuales la actividad cerebral de los voluntarios fue registrada mediante la técnica de imagen por resonancia magnética funcional, y así se comprobó que la música permanece guardada en áreas cerebrales diferentes de donde se almacenan los demás recuerdos.

Los especialistas en neurociencias encontraron que la música se archiva en lugares físicos diferentes que el resto de lo memorizado, es decir, que el cerebro tiene una especie de ‘discoteca’ completa en el lóbulo temporal, sector que va de la sien a la zona posterior del oído; ahí operan los recuerdos musicales.

El diseño del experimento se basó en la hipótesis de que para el cerebro la experiencia de escuchar música es diferente de la de recordarla y en ambos procesos intervienen redes cerebrales diferentes. Comprobaron que la música se aloja en zonas del cerebro distintas de donde se conservan los otros recuerdos.

Para localizar el sitio del cerebro que guarda la música, los neurocientíficos estudiaron a 20 pacientes con alzhéimer y compararon sus resultados con otros 30 individuos sanos, los dos grupos con una media de edad de 68 años. Todos escucharon 40 ternas de canciones, cada una de las cuales estaba formada por un tema muy conocido entresacado de las listas de éxitos desde 1977, canciones de cuna y música tradicional alemana; las otras dos canciones eran, por estilo, tono, ritmo o estado de ánimo, similares a la primera, pero seleccionadas entre temas musicales desconocidos.

Tomando como base que en el diagnóstico y seguimiento de la enfermedad de Alzheimer se utilizan tres biomarcadores básicos: el grado de deposición del péptido beta-amiloide -una molécula que tiende a acumularse formando placas en las fases iniciales de la enfermedad; la alteración del metabolismo de la glucosa en el cerebro, y la atrofia cortical -un proceso natural a medida que se envejece, pero que en el alzhéimer es más rápido, el sondeo dio como resultado que en las mediciones los niveles de deposición de beta-amiloide no presentaban grandes diferencias, pero en las áreas musicales de los enfermos, el metabolismo de la glucosa entraba en los niveles normales y la atrofia cortical era hasta 50 veces menor que en otras zonas del cerebro.

La conclusión de Jacobsen -líder del grupo de científicos- fue que “al mostrar un menor hipometabolismo y atrofia cortical en comparación con los otros sectores cerebrales, quiere decir que no se ven tan afectadas en el curso de la enfermedad". Las regiones que mostraron mayor activación al rememorar las canciones fueron el giro cingulado anterior -situado en la zona media del cerebro- y el área motora presuplementaria -ubicada en el lóbulo frontal-, lo cual podría significar incluso que trabajan como un área que compensa la pérdida de funcionalidad de las otras, indicó.

"Al menos, los aspectos cruciales de la memoria musical son procesados en áreas cerebrales que no son las habitualmente asociadas con la memoria episódica, la semántica o la autobiográfica", agregó el neurocientífico Jörn-Henrik Jacobsen, quien consideró que si se profundiza esta investigación podría hallarse una manera de detener la pérdida total de la memoria.

“Asumo que la música es un estímulo tan grande que una vez que entra al cerebro y encuentra la manera de conectarse con las regiones más cruciales, podría tener el poder de activar conexiones viejas que no se utilizan usualmente, y eso podría detonar partes de la memoria a las que no se puede acceder de otra forma, y aunque sólo es una especulación, estudios recientes evidenciaron el mejoramiento de las habilidades verbales como consecuencia de terapia musical en pacientes con la enfermedad de Alzheimer”, concluyó Jacobsen.


Así que, apreciado lector, seleccione lo que más le guste de su discoteca particular y dispóngase a escuchar música todo el tiempo, pues está comprobado que los recuerdos que más perduran son los ligados a una vivencia emocional intensa… y la música está muy unida a las emociones; sin duda representa un beneficio tangible para la salud mental de los adultos mayores.
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