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16 septiembre 2017

Discurso del Dip. Iván Sánchez Nájera (PRD), orador oficial. Apertura del I período de sesiones, II año de la LXIII Legislatura del Congreso del Estado de Aguascalientes. 15 de sept. 2017.
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Discurso del Dip. Iván Sánchez Nájera (PRD), orador oficial. Apertura del I período de sesiones, II año de la LXIII Legislatura del Congreso del Estado de Aguascalientes. 15 de sept. 2017.

Hoy comenzamos el segundo y último año de esta LXIII legislatura. Durante los 10 meses del primer año legislativo enfrentamos grandes retos que no siempre pudimos sortear de la manera adecuada. Es por ello menester recordar las palabras con las que comenzamos esta legislatura, en voz del diputado Gustavo Baez -entonces presidente de la mesa directiva-, llegó a nosotros la invitación a ser conscientes de que ésta era -y de verdad creo que aún lo es- la oportunidad de sí hacer la diferencia, de construir puentes y destruir muros, así como la conciencia de que todas las diferencias nos hacen lo que somos, pues son nuestra identidad; yendo un poco más allá, resalto la oportunidad de no sólo distinguirnos en las diferencias, sino enfrentar cabalmente los disensos con un objetivo mayor, nutrir nuestra propia identidad y la de este Congreso, siempre - y espero que en eso todas y todos estemos de acuerdo-, con la finalidad ulterior de buscar lo mejor para nuestro estado y sus habitantes. 

Ahora, en el inicio del segundo periodo, haríamos bien en preguntarnos qué tanto logramos de aquellos objetivos trazados al inicio. ¿Hemos hecho la diferencia, destruido muros y nutrido nuestra identidad cimentada en las diferencias y fortalecida en las coincidencias? 

Ya no hablemos del objetivo de pasar a la historia como la legislatura que recuperó la confianza de la ciudadanía, la que hizo posible lo que históricamente hemos creído imposible. 

El gran reto no es fortalecer nuestras instituciones partidistas, ni nuestra trascendencia personal, sino la legislación que vaya en favor de todas y todos. Recalco, todas y todos, no deben permitirse excepciones: favorecer a cada aguascalentense, incluidos aquellos que no votaron por nosotros, no piensan igual que nosotros y no tienen nuestros privilegios, quienes desconfían -y muchas veces con razón- de nuestro trabajo, y también en favor de las minorías que no tienen voz ni cabida en la dinámica pública. Atender pues, las 2 necesidades de cada hidrocálida y cada hidrocálido. 

Debemos dejar a un lado las ideologías partidistas y construir un marco normativo que coadyuve a la solución de los grandes problemas de Aguascalientes. Las preocupaciones de quienes nos eligieron las sabemos muy bien, pero debemos voltear a quienes no salieron a votar por el hartazgo que históricamente ha generado nuestra clase y ver a quienes salieron aquel domingo de junio, dejando un poco de esperanza en su boleta. Atender las necesidades de quienes buscan seguridad, un empleo dignamente pagado - porque señoras y señores- es inmoral que alguien en este estado trabaje honestamente 40 horas o más a la semana, oportunidades reales de desarrollo, la posibilidad de asegurarle un buen futuro a sus hijos, o que no pueda ser, por diferencias ideológicas, ciudadana o ciudadano en toda la extensión de la palabra. 

El problema fundamental en el mundo entero, pero también en Aguascalientes, ha sido y sigue siendo, la pobreza. La pobreza que se magnifica ante la obscena desigualdad, ante la falta de oportunidades educativas, informáticas, políticas, culturales, civiles… humanas. 

Esas necesidades que a cualquiera con mínima sensibilidad llena de cosquillas el estómago y provoca náuseas: la de que nos echa en cara un rezago educativo del 15.8 por ciento; la que nos dice que uno de cada diez habitantes de este estado no tiene acceso a la salud; la que nos grita que casi el 50% no tiene acceso a la seguridad social; la que nos espeta sin atenuantes que 40% vive bajo la línea de bienestar, ese 40% que padece pobreza multidimensional.  Ahí están los datos de la Encuesta Nacional de Nutrición. 

Nosotras y nosotros, los aquí presentes, pertenecemos al 35% de la población con seguridad alimentaria total, porque el 65% se preocupa por los alimentos: o los padres no comieron algún día, o sus hijos no toman alguna 3 comida cada día o con frecuencia sólo toman un alimento. Más allá, tenemos en una inseguridad alimentaria severa en un 10% de nuestra población. Datos todos que suenan menos graves cobijados por la fría estadística, hasta que los volvemos números implacables y que nos hablan de 187,800 hogares en este estado, el de la gente buena, que padecen inseguridad alimentaria. 187,800 hogares en los que, esparcidos, día a día luchan por sobrevivir 10mil niños con anemia y medio millar con emaciación, ésa condición de delgadez extrema que hemos visto con horror en los documentales del África subsahariana, y que nos acecha escondida e invisibilizada en los municipios más lejanos o en los asentamientos que no aparecen en los mapas. 

Pero no es la salud nuestro único rezago causado por la pobreza y la histórica inoperancia que hemos tenido como clase política: si bien apenas el 5.8% de nuestra población no tiene educación alguna, 702,211 personas, el lapidario 53%, sólo cuenta con la educación elemental y apenas una de cada cinco cuenta con educación superior. La población, ésta que se preocupa por qué llevar a su mesa y que debe esperar horas para recibir atención médica (pues no puede pagar la salud privada que atiende en menos de 30 minutos), nos pide incluso lo más elemental: que libremos una verdadera y decidida batalla contra la corrupción, que no dilapidemos el dinero público, y que le garanticemos seguridad pública. Todos ellos, elementos básicos de cualquier estado verdaderamente democrático, y a nadie más que a nosotros, corresponde entregarles soluciones.

Frente a ello, hemos sido incapaces de darles un eficiente y verdaderamente facultado Sistema Estatal Anticorrupción, incapaces de detener los excesivos salarios de funcionarios públicos que igualan, e incluso superan, al del Gobernador del Estado, e incapaces de brindar seguridad pública. Y aunque siempre se puede 4 argüir que son problemas históricos, ése es justo el problema, justificarlo en el siempre, en lo mismo, si fuimos electos fue porque la población confió en nosotros y les debemos resultados tangibles. Cumplir, tal como todas y todos prometimos.

 En este sentido, señor Gobernador, y ya no como diputado, sino como ciudadano y sin atisbo de duda de en esto ser portavoz de todas y todos, le solicito respetuosa pero enfáticamente que detenga la creciente inseguridad, sancione los actos de corrupción y genere un gobierno verdaderamente austero. Seguro estoy de que en este Congreso encontrará 27 aliados dispuestos a tenderle la mano siempre que busque solucionar estas necesidades tan sentidas en Aguascalientes. 

El problema lo está padeciendo toda la población. La ciudadanía, y la propia Constitución de la República, también nos exigen que no hagamos distingo de ciudadanos. Y si algunos nos piden lo contrario, se equivocan, y tenemos el deber y la responsabilidad ética, como representantes de todas y todos, de hacérselos saber. Decirles sin cálculos políticos, con firmeza, pero también con didáctica, que es capital que legislemos a favor de cada ser humano en este estado. 

No podemos, ni pide nadie, que olvidemos que representamos a una población eminentemente católica, pero por ello mismo, debemos incluir en nuestra agenda el respeto inexorable, como muestra de amor para nuestras y nuestros ciudadanos. 
El accidentado cierre del segundo periodo fue detonado por la falta de comunicación y de generación de consensos. También en parte, de que como legislatura hayamos perdido el rumbo de lo trascendental. Hoy, con una mesa ligeramente más plural y una continua invitación al diálogo y consenso, existen algunas razones para creer que será posible superar las diferencias y legislar con consensos y a favor de nuestra población. 

5 La agenda legislativa ya está trazada, y con la experiencia del primer año cada grupo parlamentario tiene sus temas preparados. Será obligado abordar la lucha contra la corrupción, la delincuencia y la discriminación, la protección al medio ambiente, la urgente mejora en el transporte público y en el sistema de movilidad, la revocación del mandato y los instrumentos de participación ciudadana, así como la necesidad o no del reemplacamiento. Habremos de analizar iniciativas que buscan mejorar la calidad de la educación: la reducción a 30 alumnos por grupo, contar con psicólogos en las escuelas y un instituto de capacitación docente. 

Seguramente éste será un periodo de intensa discusión, y qué bueno, siempre que sea en favor de Aguascalientes. Nosotras y nosotros, todas y todos, necesitamos atender lo urgente. Luchar contra un monstruo de mil cabezas al que seguramente no podremos aniquilar. Ése engendro de un sistema que sigue permitiendo que haya dos Aguascalientes: el de las plazas pletóricas y las áreas siempre verdes y el de las ladrilleras, los asentamientos irregulares, el de los siempre olvidados. El Aguascalientes de la clase afortunada que se olvida de responsabilizarse por los que el sistema mismo ha rezagado. El Aguascalientes de las buenas conciencias que irónicamente impiden la vida plena de otras y otros bajo el signo de sus propias confesiones. 

Nosotras y nosotros enfrentamos el reto de unirnos para unir, de comenzar el camino hacia la reinvención de un Estado donde todas y todos valen por igual, de recuperar la confianza que perdemos cada día y de borrar las fronteras entre la clase política y los ciudadanos, porque mientras ellos caminan hacia la política nosotros como políticas y políticos caminaremos firmes también a la ciudadanía. El reto de dejar de comportarnos como realeza para entender que 6 somos servidores públicos, empleadas y empleados de un millón cuatrocientos mil seres humanos que esperan una vida segura, digna, y por qué no: feliz.

 Hace 47 años los doctores Célis y Nava publicaron un artículo científico en la revista médica del Hospital General de la Secretaría de Salud. Lo signaron bajo el lapidario nombre de La patología de la pobreza. 13 años después Ruy Pérez Tamayo publicó un libro que recuperaba el nombre y que recientemente reimprimiera el Colegio Nacional. Les comparto algunas implacables líneas del autor: “El postulado de la Patología de la Pobreza es tan vigente como hace 10 años, como hace 20 años, como lo ha sido siempre. La salud es un derecho, pero tal derecho se vuelve inoperante en la miseria. La buena nutrición no es posible cuando no hay ni qué comer, ni dinero para comprarlo, ni trabajo para ganar dinero, ni educación para aprender a trabajar, ni escuelas, ni libros, ni maestros, ni esperanzas de que haya nada de todo esto. Mientras haya pobreza no sólo no habrá salud, sino que las enfermedades y las causas de muerte más frecuentes seguirán siendo las mismas.” Seguro estoy de que todas y todos aquí daríamos lo que fuera por cambiar ese destino. Que nadie en este estado nazca condenado a la miseria. Que todas y todos sepan que hay oportunidades. Que pueden hablar y encontrar oídos disponibles. Que tienen al menos a 27 aliados que trabajan para que todas y todos tengan una mejor calidad de vida en todos los sentidos posibles. Seguro estoy de que es nuestro deseo, es hora de demostrarlo.


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